XI

Hay algo salvaje, indómito, en ti. Por eso me gustas. Y cuando me hablas del lugar donde naciste, de las llanuras cubiertas por un manto verde y los árboles de hojas rojas que contemplan a los caballos que corren pisoteando la suave hierba desde hace siglos, te imagino junto a ellos, corriendo con ellos. Hay algo de esos animales en ti. Lo veo en el fondo de tus ojos cuando luchas por seguir siendo libre, por no perderte en la oscuridad. Y me gustas por eso… por la forma en que entrelazas tus dedos con los míos cuando tu cuerpo, tu alma se une a la mía. Pero sobre todo, por encima de todas las cosas, me gustas porque lees mis silencios. Porque con solo sujetar mi mano haces que desaparezcan todos los miedos. Porque cuando te miro siento que recupero una parte de mí que creía haber perdido.

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