VI

Sigue ahí, entre la hierba, bajo los árboles.

Sigue con la boca a mitad de un beso, sobre las raíces.

Es un niño perdido, un huérfano de la noche.

Mírale, espera que los lobos acaricien su espalda desnuda con las sonrosadas lenguas que babean hechizos, mientras aparta con dedos tensos el pico de los pájaros que traen la niebla, que ahora luchan por robarle el corazón.

Protégele. Cubre su pecho con musgo. Cierra su boca. Besa su espalda.

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